Praying with Eyes Open

A LETTER FROM BISHOP BENFIELD

In many of our congregations this past Sunday we offered up prayers for the victims of the mass shootings in El Paso and Dayton. It has become an all-too-frequent ritual: eyes closed, prayers said, and flags lowered to half-staff.

Some people might ask of what use it is to pray in such a situation. After all, God is not going to step in and reverse the carnage. But that is not the purpose of prayer. The purpose of prayer is to change our hearts and minds—and bodies. As the Book of Common Prayer reminds us, prayer is our response to God, and that response can take the form of deeds that involve hands and feet and voices that will not be silenced.

Thus, I am going to keep my eyes open when I pray for these dead or injured people and their families. I will not hide my eyes from the poor among us who are denigrated by some for their own gain. I will not hide my eyes from political leaders who remain silent or who put the blame these shootings on mental illness or video games. Christians ought not be blaming others for evils of our own making.

I will keep my eyes open when I pray as to see the innate worth and equality of every person as a child of God. I will keep my eyes open to see the resurrected Christ in every person, regardless of skin color—and then I am called to live accordingly. I will keep my eyes open to find political leaders who similarly keep their eyes open and who are willing to be shaped by the gospel—and who speak and vote accordingly.

If we have the courage to pray, be ready to act. In the long run it is the way that life will overcome the all-too-frequent deaths that, by our own willful blindness, we have allowed to take place. Pray—that is, do what it takes—to turn the kingdom of God from merely a future hope into a concrete, current reality.


Larry R. Benfield

 


 

UNA CARTA DE OBISPO BENFIELD

Orando con los ojos abiertos

En muchas de nuestras congregaciones el domingo pasado ofrecimos oraciones por las víctimas de los tiroteos masivos en El Paso y Dayton. Se ha convertido en un ritual muy frecuente: los ojos cerrados, las plegarias y las banderas bajadas a media asta.

Algunas personas pueden preguntar de qué sirve rezar en tal situación. Después de todo, Dios no va a intervenir y revertir la carnicería. Pero ese no es el propósito de la oración. El propósito de la oración es cambiar nuestros corazones, mentes y cuerpos. Como nos recuerda el Libro de Oración Común, la oración es nuestra respuesta a Dios, y esa respuesta puede tomar la forma de hechos que involucran manos y pies y voces que no serán silenciadas.

Por lo tanto, voy a mantener los ojos abiertos cuando oro por estas personas muertas o heridas y sus familias. No esconderé mis ojos de los pobres entre nosotros que son denigrados por algunos para su propio beneficio. No esconderé mis ojos de los líderes políticos que permanecen en silencio o que culpan de estos disparos a las enfermedades mentales o los videojuegos. Los cristianos no deberían estar culpando a otros por los males de nuestra propia creación.

Mantendré los ojos abiertos cuando oro para ver el valor innato y la igualdad de todas las personas como hijos de Dios. Mantendré los ojos abiertos para ver al Cristo resucitado en cada persona, independientemente del color de la piel, y luego estoy llamado a vivir en consecuencia. Mantendré mis ojos abiertos para encontrar líderes políticos que de manera similar mantengan sus ojos abiertos y que estén dispuestos a ser moldeados por el evangelio, y que hablen y voten en consecuencia.

Si tenemos el coraje de rezar, prepárate para actuar. A la larga, es la forma en que la vida superará las muertes tan frecuentes que, por nuestra propia ceguera voluntaria, hemos permitido que ocurran. Ore, es decir, haga lo que sea necesario, para convertir el reino de Dios de una simple esperanza futura en una realidad concreta y actual.